DEBUT AZULGRANA | EL PARTIDO DEL NUEVO SARDINERO (PUBLICADO EL 27-8-07 )

Un inicio sin chispa (0-0)



MESSI CONTROLA UN BALÓN EN EL NUEVO SARDINERO, ANTES DE SER SUSTITUIDO POR HENRY. REUTERS
JORDI TIÓ
SANTANDER

El Barça de los cuatro fantásticos empezó apagado, sin chispa y con los mismos vicios que se vislumbraron durante buena parte de la pasada temporada. El equipo se presentó apagado, sin ideas y exasperantemente lento. Se dejó dos puntos ante un Racing muy guerrero y se fue del Nuevo Sardinero evidenciando que hay mucho trabajo por hacer. En el fútbol no todo son nombres y alineaciones de fábula. Y ayer se demostró de nuevo.
No estuvo fresco el Barça en el inicio del campeonato. De hecho, no estuvo. Saltó al césped santanderino creyendo que era un duelo más de la pretemporada, otro partido de esos ante rivales sin entidad a los que se puede ganar sin correr, sin presionar y casi sin ganas de jugar. Porque esa fue la imagen del equipo de Frank Rijkaard en la primera parte, en la que un Racing voluntarioso, solo eso, le puso en aprietos y no se fue al descanso con ventaja porque el palo repelió un disparo de Colsa (minuto 22). El equipo azulgrana salió con el once titular previsible, pero lo que no era previsible es su poca presencia en todas las líneas.
Tal fue la desorientación, que en el minuto uno los hombres de Rijkaard ya habían perdido dos balones en defensa (Zambrotta y Thuram), y en el cuatro, Valdés puso la mano para evitar que Serrano, completamente solo, marcara el primero. No se lo creía el Racing y tampoco el Barça, cuya deriva fue en aumento. Ni Xavi ni Iniesta lograban dar profundidad al equipo y cuando la encontraban, la lentitud, exasperante, permitía al equipo cántabro colocar las líneas para tapar cualquier hueco. Con los dos pequeños obturados en la maraña rival, Touré, impecable en su labor defensiva, se atrevió con algún pase largo para Ronaldinho, pero ni así se halló solución.
Ante un rival tan apacible, el Racing creyó en sus posibilidades y encontró en la banda derecha un pasadizo por donde penetrar. Cada subida de Pinillos fue una pesadilla para Valdés y para la defensa, que veía pasar el balón por toda el área sin atinar a despejarlo.
No todo era malo. Abidal subió por la izquierda una vez con peligro, tras un pase largo de Ronaldinho, pero su centro no halló a Etoo, a quien se vio más persiguiendo al rival cruzando el centro del campo que intimidando en el área.

UNA SOLA OCASIÓN
Ante tal panorama, Rijkaard decidió salir del banquillo para hablar con Ronaldinho y darle instrucciones. No había pasado la media hora y el técnico ya se había reunido dos veces con el brasileño en la banda. Pero todo siguió igual, por mucho que Ronnie, Etoo y Messi intercambiaban sus posiciones en busca de algo que no llegaba.
A falta de dos minutos para el final de la primera parte llegó la primera gran ocasión azulgrana. Ronaldinho vio el desmarque de Xavi y le asistió dejándole ante Toño. El pequeño centrocampista salvó al guardameta con una vaselina y, cuando entraba el balón, Luis Fernández lo sacó a córner. Luego vino un remate de Messi y Toño se lució. En un minuto, el Barça había hecho más que en 42.
Pareció cambiar el conjunto en el inicio de la segunda parte, pero todo quedó reducido a dos remates de Iniesta que se fueron lejos de los palos de Toño. Es más, Oleguer estuvo muy fino al birlarle el balón limpiamente a Iván Bolado cuando este se disponía a fusilar a Valdés dentro del área. Una acción muy comprometida ya que lo más fácil era no llegar y hacer penalti.
Sin nada que decir, sin reacción alguna (solo hubo peligro en una falta lanzada por Ronaldinho), Rijkaard movió pieza. Y sacó al mejor, junto con Valdés, hasta entonces. No es que hiciera nada extraordinario, nada de lo que sabe hacer, pero Messi imprimió velocidad al juego siempre que tuvo el balón y asustó a sus marcadores. Pero el entrenador no lo vio así y lo sacó por Henry, quien se colocó como delantero centro nato y llevó a Etoo hacia la derecha. Pero no hubo indicios de mejora.

EXPULSIÓN
El Barça no aprovechó ni que el Racing se quedó con uno menos. Smolarek, recién llegado, apenas jugó 12 minutos. Entró con los tacos por delante y tumbó a Abidal. El árbitro no dudó y le envió a la caseta. Deco entró por Touré, correcto en su debut como mediocentro, y de los cuatro fantásticos se pasó al Barça de los tres pequeños, una versión ya muy conocida que ayer se atascó de nuevo.
El Racing, en minoría, echó el cerrojo y el Barça se atragantó intentando ahogar al rival. Ronaldinho buscaba pases largos que siempre encontraban a un central por medio y Etoo, en la derecha, ni dio profundidad ni desbordó con triangulaciones. La única vez que dos de los fantásticos se encontraron, un pase de Ronaldinho a Henry, este último envió el balón al palo tras un certero disparo de rosca. Fue lo mejor de los barcelonistas, que habrían encontrado excesivo premio de entrar el balón. El sufrimiento azulgrana se alargó hasta el descuento, cuando Garay quiso sorprender a Valdés por alto. No hubo más. El Barça se dejó dos puntos, desilusionó y evidenció que tiene mucho por hacer.

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