LA RECUPERACIÓN DEL BICAMPEÓN MUNDIAL DE F-1 | publicada el 27 de enero del 2008

La metamorfosis de Alonso


FERNANDO ALONSO.
Por MIGUEL MARTÍNEZ

El cambio experimentado por Fernando Alonso en los últimos meses ha sido impresionante. El bicampeón ha regresado al equipo Renault, que, pese a no contar con un gran presupuesto, permite al asturiano volver a sentirse importante, un número 1 y liderar una escudería que, dirigida por su amigo Flavio Briatore, va a trabajar en la dirección que él diga. Atrás quedan los tiempos en los que sus conocimientos fueron aprovechados por McLaren para catapultar al estrellato a Lewis Hamilton.

EL AMARGO PASADO

MALDITO EN MCLAREN: El equipo vampirizó al bicampeón
Llegó a McLaren como bicampeón, pero ese rango solo le sirvió para ser explotado publicitariamente. Tras perder a la tabaquera West y, tras un año sin patrocinador principal, McLaren logró un multimillonario contrato con Vodafone y el Banco de Santander gracias al fichaje de Fernando Alonso. De puertas adentro, Alonso trabajó "como nunca antes" para transformar en un coche campeón el monoplaza con el que Kimi Raikkonen solo había sido quinto. El equipo le succionó los reglajes de su coche en cada circuito para inyectarlos en el de Lewis Hamilton mientras en el box festejaban cada triunfo del ahijado de Dennis y maldecían las victorias del asturiano. Y cuando creyeron que el inglés ya era campeón, sabotearon el coche del español y le injuriaron como chivato en el caso de espionaje para enmascarar la insidia. DENNIS,

EL TRAIDOR: El jefe que nadie quisiera tener
Si hay una virtud que Alonso valore por encima de las demás es la lealtad. Por ahí hay que entender su celo extremo para rodearse solo de su familia y de un grupo reducidísimo de amigos y colaboradores. Así que la traición de Ron Dennis fue la peor puñalada. Le engañó al prometerle a Pedro de la Rosa de compañero, le traicionó con Hamilton, le dejó con el culo al aire ante los comisarios de la FIA en Mónaco y Hungría, le difamó acusándole de chivato en el caso de espionaje y le saboteó el coche en las últimas carreras. Y tanta puñalada cambió el semblante alegre de Alonso, su espontaneidad y su humor. Se convirtió en un tipo triste, cabreado, que ni siquiera pudo explicar al mundo tanta maldad porque, en su último acto maquiavélico, Dennis le hizo firmar una cláusula de no agresión, si quería dejar la disciplina de McLaren. El cinismo de Dennis llegó al extremo de pasarse todo el mes de noviembre llamándole para que regresara.

LA JAULA DE ORO: McLaren no fue el sueño esperado
Alonso siempre albergó el sueño de pilotar un McLaren desde que coleccionaba los pósteres de Ayrton Senna. Se cortó el pelo, colocó un TAG-Heuer en su muñeca e ingresó en la secta que Ron Dennis ha construido en torno a su futurista sede de Woking, un centro donde todos visten de negro y no existe el ruido. Mercedes le envió cinco coches con acabado AMG a Oviedo y Ginebra, y Alonso constató la opulencia en la que vive el equipo angloalemán, cristalizada en un nuevo hospitality, el más grande y caro del paddock. Allí, entre vidrio y acero, pantallas de plasma, cámaras ocultas y un derroche de tecnología se fraguó el desencuentro, las discusiones, las traiciones que inició Dennis y acabó Norbert Haug, el hombre de Mercedes. El equipo con el presupuesto más alto, el coche más rápido y fiable y el mejor piloto acabó perdiendo el título y Alonso completó las últimas carreras sin salir de su estrecho cuarto ni para comer, como un prisionero en una jaula de oro.

EL ILUSIONANTE FUTURO

BENDECIDO EN RENAULT: El espíritu de los mosqueteros
Renault es el equipo que le vio crecer y al que ha dado sus dos únicos títulos. Conoce a la perfección el entramado organizativo, el modo de trabajo, a cada ingeniero. Sabe motivar a cientos de personas que se desviven por darle el mejor material. Le respetan, le valoran y le perdonan algunas --que las hay-- declaraciones injustas. Por eso Renault fue a buscarle cuando en la tercera carrera del 2007 (Bahrain) decidió que no seguiría en McLaren. Por eso le paga como bicampeón --cobra tanto como Raikkonen en Ferrari-- y le da libertad para escoger su forma de afrontar la temporada, las carreras, libertad en su estilo de vida, y libertad para decorar su casco y elegir a sus patrocinadores. E, incluso, para irse cuando quiera. Y le otorga los galones de jefe, de piloto número uno por delante de Nelsinho Piquet. Es uno de los mejores contratos firmados por un piloto de F-1, solo equiparable a los de Schumi. Renault sabe que es una gran inversión. La capacidad de Alonso puede contrarrestar la diferencia de presupuesto con Ferrari y McLaren-Mercedes. Las continuas correcciones de ese contrato, y el tira y afloja en muchos puntos propiciaron que la firma se retrasara un mes. El espíritu del acuerdo es el de los mosqueteros: todos para uno y uno para todos.

BRIATORE, EL AMIGO: La pareja ideal del 'paddock'
¿Se imaginan la F-1 sin Flavio Briatore y Fernando Alonso? Desde luego sería infinitamente más aburrida. Es la gran pareja del circo. Son amigos y socios. Conectaron desde el primer día, tanto que Alonso, aún piloto de F-3000 aquel verano del año 2000, dijo no a una oferta que le conducía a Ferrari. Briatore nunca le ha engañado. Han discutido alguna vez, es verdad. Poco, lo justo. Briatore le ha ensalzado, ha bromeado con sus salidas de tono, le ha protegido y, finalmente, puso en sus manos un coche ganador. Le mostró también el camino para sacar provecho del showbussines y le utilizó consentidamente para sus saraos publicitarios, en su barco, en Kenia o en Puerto Cervo. Alonso no dudó en pedirle ayuda cuando quiso irse de McLaren y Briatore olvidó pronto que se había marchado de Renault sin decirle ni una palabra y halló de repente la forma de vengarse de Dennis. Pero tan bien se conocían patrón y piloto que la redacción del contrato se alargó un mes, en un continuo tira y afloja, en constantes correcciones. Pero ha dejado satisfechos a ambos. Briatore ha recuperado su mejor bronceado y Alonso la sonrisa y el pelo alborotado, prohibido cuando estaba junto a Dennis.

EL EQUIPO EFICIENTE: Renault le ofrece ser el mandamás
Flavio Briatore suele alardear de haber descubierto a los dos mejores pilotos de los últimos tiempos, el alemán Michael Schumacher y el español Fernando Alonso, y de aplicar los criterios de eficiencia mejor que nadie. Y los hechos le dan la razón con los cuatro títulos mundiales logrados por Benetton y Renault con mucho menos prespuesto que Ferrari, McLaren, Toyota u Honda. Y por ahí sigue para satisfacción de Carlos Ghosn, el gran jefe de la corporación Reanult, el brasileño que exige con mano de hierro victorias de bajo coste. Así que los camiones y hospitalities de Renault siguen siendo los de ocho años atrás, los más viejos del paddock, mientras que la fábrica de Enstone ha cambiado poco desde que allí se fraguó el equipo Toleman en los años 80. El dinero se gasta en construir buenos coches, en contratar a buenos pilotos y a los mejores cocineros de la F-1 (con permiso de Red Bull). El glamur ya se lo proporciona Briatore y sus acompañantes y amigos. Y en ese entorno de imaginación, eficiencia, eficacia, listeza, poco gasto, buena comida y ambiente distendido se siente cómodo Alonso. Aquí, además, no es un empleado más como en McLaren. Aquí es el líder que decide por sí mismo cómo quiere organizarse.

 
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