La ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino reabrió ayer un melón que parecía completamente cerrado, al menos por parte del Gobierno y de la Generalitat. Elena Espinosa puso sobre la mesa la posibilidad de parar las obras del minitrasvase a Barcelona si los embalses alcanzan "el mínimo necesario" para garantizar el abastecimiento del área metropolitana, una hipótesis completamente descartada solo tres días antes por la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega.
Las declaraciones, pronunciadas a primera hora de la mañana de ayer desde Bruselas, cayeron como un jarro de agua fría sobre el Govern, que solo 24 horas antes había soportado estoicamente la primera manifestación de las tierras del delta. Desde Madrid llegaron mensajes tranquilizadores que llevaron a pensar a los homólogos de Espinosa en Catalunya que esta matizaría sus palabras horas después, cuando acabara la reunión de ministros a la que había acudido. Fue en vano. No solo insistió, sino que se avino a despejar las dudas que había abierto su afirmación matutina.
DÍA A DÍA
La titular de Medio Ambiente había indicado que hoy por hoy no se cumplen las condiciones para que el real decreto que dio paso a la construcción del trasvase sea anulado, pero advirtió de que su departamento sigue día a día la evolución de los embalses catalanes. ¿A qué nivel deben llegar los pantanos para considerar garantizado el suministro?, se le preguntó horas más tarde. "No me quiero equivocar, pero desde el ministerio se lo podrían facilitar", respondió, aunque portavoces de Medio Ambiente dijeron desconocer el dato.
¿Se parará la obra aunque las tuberías hayan empezado a colocarse? "Eso hay que verlo en un contexto real. Imagínese que queda medio metro, pues lógicamente se terminaría". ¿Y si quedara la mitad?, se le podía haber interrogado. Y así hasta el infinito de variables.
Aunque aún no conocía la segunda entrega de la versión Espinosa del trasvase, un sorprendido y visiblemente molesto conseller de Medi Ambient, Francesc Baltasar, calificó de "inimaginable" que los embalses puedan llegar al nivel que haría innecesaria la obra. "En la misma fecha de hoy, el año pasado las cuencas internas de Catalunya contaban con el 56% de reservas de agua y ahora solo tenemos el 32%. Seguimos en el hospital y no hay variaciones sustanciales que lleven a revisar la vigencia del decreto ley", zanjó con rotundidad.
En abierta discrepancia con la ministra, certificó que "no hay ningún parámetro fijado" a partir del cual se considere garantizado el suministro. "Tendríamos que superar en mucho los 190 hectómetros actuales", es la única aproximación a la que se atrevió. La hipótesis de parar las obras el Govern ni se la plantea. Tampoco lo hacía el Gobierno. Por lo menos hasta ayer.
A la espera de ver si la postura de Espinosa es compartida por el resto del Ejecutivo central, el portavoz del PSC, Miquel Iceta, respondió con prudencia a la ministra que "es prematuro" plantearse la posibilidad de no tirar adelante el minitrasvase. Como Baltasar, recordó que hace un año las reservas estaban a más de la mitad "y ya entonces había un decreto catalán de sequía".
CAROD SE APUNTA
Quienes sí se agarraron con entusiasmo indisimulado a la nueva vía abierta por la ministra fueron los sectores de Esquerra Republicana que esperan sacar tajada de la polémica cara a su congreso, con Josep Lluís Carod Rovira a la cabeza. El vicepresidente del Govern secundó a la ministra en el blog que usa para la campaña precongresual interna en ERC. Carod expuso que las lluvias "abren las puertas a la esperanza" de que, finalmente, no haga falta "la excepcionalidad de la medida prevista para una situación de emergencia".
Secundó a Carod el delegado de la Generalitat en las tierras del Ebro, el republicano Lluís Salvadó, que hace unos días ya fue amonestado por el president José Montilla por hacer declaraciones antitrasvase. En cambio, la ejecutiva de ERC a la que asistió Carod respaldó claramente el minitrasvase pese a reiterar su "comprensión" a la manifestación del domingo en Amposta. Así lo expuso el republicano Joan Ridao: la cañería "es un mal menor que se terminará haciendo" y Espinosa "debería dejar de especular para no contribuir a la confusión", informa Marc Andreu.
La oposición no dejó pasar la oportunidad para flagelar las ya castigadas espaldas de los gestores de la sequía. El portavoz adjunto de CiU en el Parlament, Josep María Pelegrí, habló de "frivolidad" plantearse una marcha atrás cuando "el nivel de los embalses puede volver a bajar", mientras el portavoz de Medio Ambiente del PP en el Congreso, Carlos Floriano, pidió al Ejecutivo que "deje de aprobar decretos un día y derogarlos otro".
RÉCORD DE RECTIFICACIONES
De las adjudicatarias de los trabajos, con Aguas de Barcelona a la cabeza, no hubo noticias, pero no sería descartable que reclamaran indemnizaciones si la obra se para cuando ya esté iniciada. No sería la primera vez que ocurre. Cuando José Luis Rodríguez Zapatero obtuvo por vez primera la presidencia del Gobierno, suspendió las obras del trasvase del Ebro a Catalunya, Valencia, Murcia y Almería, que en algunos tramos ya estaban iniciadas y con las primeras piedras colocadas.
Espinosa acumula también una sobrada experiencia en rectificaciones. Tras alcanzar el acuerdo del minitrasvase de emergencia a Barcelona, la ministra anunció que el agua provendría de los ahorros que los regantes del delta lograrían gracias a unas obras que haría el ministerio, pero al día siguiente empezaba la temporada de inundación de los canales que hacían inviables los trabajos. También habló de una oferta para comprar derechos a regantes de toda la cuenca que al final tuvo que retirar.