Las tuberías, de 500 metros de largo, aguardan frente al Moll Adossat del puerto para su futura conexión con la desalinizadora de El Prat. Foto: DANNY CAMINAL Sin apenas tiempo para la digestión, los episodios y los incendios se suceden en la crisis hídrica que vive Catalunya. El mismo día en que el Govern y el Gobierno central firmaban en Madrid el convenio que posibilitará la construcción del trasvase del Ebro a Barcelona --puntual y reversible--, el delegado del Ejecutivo catalán en Tarragona, Xavier Sabaté, abrió un nuevo foco de conflicto. Señaló que, para evitar una sobrexplotación de los acuíferos del Camp de Tarragona, el agua a enviar a Barcelona en barco, a partir de la semana que viene, podría proceder tanto de los pozos de la capital como del Ebro. Es decir, lo que se llama desvestir un santo para vestir a otro.
Uno de los puntos fuertes del argumentario que el Govern había utilizado, sin resultado alguno, para convencer a los regantes del delta es que la extracción de agua de los canales de riego del Ebro se produciría entre el próximo otoño y la primavera del 2009.
DOS RAZONES
Primero porque es en esta época cuando realmente no se consume toda la concesión que tiene el Consorci d'Aigües de Tarragona (CAT), es decir, esos 1,2 metros cúbicos por segundo que se destinarán a Barcelona. En verano --y debido a la demanda en la costa-- no hay tal excedente.
Y segundo, porque a partir de noviembre ya no hay riegos y, aunque se precisa agua para inundar el delta y contener el avance del agua salina, los hectómetros cúbicos necesarios son bastantes menos.
Daniel Pi, presidente del CAT, afirmó ayer que "no hay ningún obstáculo legal para que agua del Ebro pueda mandarse a la zona metropolitana de Barcelona en barco desde Tarragona". Pi recordó que el puerto de Tarragona dispone de un enlace para captar agua del minitrasvase desde junio de 1995, cuando se llevaron a cabo envíos marítimos a Mallorca precisamente para cubrir la falta de caudales en la isla.
Fuentes de la Comunidad de Regantes de la Izquierda del Ebro reiteraron que esta entidad "no dejará de agotar ninguna vía" para salvaguardar los intereses de los regantes en el caso de que finalmente sea agua del CAT la que se envíe al área metropolitana en barco, según informa Sílvia Berbís. Una opción que no pilló por sorpresa a la Plataforma en Defensa del Ebro. Su portavoz, Susanna Abella, explicó que "de esta forma el trasvase pasa a ser inminente y la gente debe movilizarse con rapidez, porque hasta ahora la ley del minitrasvase a Tarragona impedía esa acción, pero el decreto ley ha levantado el veto".
El origen del nuevo foco de conflicto cabe buscarlo en las críticas que ha sufrido el equipo de gobierno de Tarragona tras prometer agua a Barcelona. El minitrasvase del Ebro a Tarragona de 1989 liberó a los acuíferos del Camp de una pesada losa. Tras casi 20 años en reposo, estos se han regenerado y han vencido la amenaza de creciente salinización que se cernía sobre ellos. La promesa de trasladar varios hec-
tómetros cúbicos mensuales levantó no pocas ampollas entre aquellos que piensan que los acuíferos volverán a caer en el abismo de la salinización.
Así, Sabaté señaló que combinar el agua de los pozos con la del Ebro "comportaría menos extracciones en el acuífero y, por lo tanto, más garantías de que no resultaría sobreexplotado". Begoña Floría, portavoz del equipo de gobierno de Tarragona (PSC-
ERC), aplaudió esta solución porque "significaría que se sacaría menos agua de los pozos".
ESPECTÁCULO EN EL PUERTO
En tanto, la desalinizadora de El Prat, la piedra sobre la que Barcelona sustentará su consumo de agua sigue quemando etapas. Alguna espectacular, como la llegada, ayer, de 10 tuberías de 500 metros de longitud que llegaron al puerto de Barcelona desde Noruega y merced a un remolcador. Estas tuberías servirán para construir el emisario que captará el agua del mar (a 2,2 kilómetros de la costa y a 30 metros de profundidad) a partir de mayo del 2009.
Cuando se cumpla un mes con la desalinizadora en marcha, el grifo del trasvase (en el sentido Ebro-Barcelona) se cerrará hasta que vuelva a haber una emergencia homologable a la actual. Visto que la credibilidad del Departament de Medi Ambient --en lo que a la gestión de la crisis ata-
ñe-- no pasa por sus mejores momentos, el conseller Francesc Baltasar reiteró ayer, en la firma del convenio con el Gobierno central, su voluntad de precintar, mediante "elementos físicos de interceptación" la cañería.
Baltasar no detalló cómo --será la comisión mixta Estado-Generalitat quien lo haga-- pero, habida cuenta que esa misma tubería puede transportar agua de Barcelona a Tarragona --sin ninguna restricción--, el precinto que se apruebe, amén de estrujar las meninges de los ingenieros de Medi Ambient, será todo un encaje de bolillos.