1 ¿Son imprescindibles los barcos para evitar las restricciones?
Actualmente, no. Hasta el punto que, salvo cataclismo, el Govern no renovará, dentro de tres meses, los contratos que tiene con las navieras y que suponen 17 millones de euros al mes. Con todo, los barcos procedentes de Tarragona, Lavéra y Marsella aportan 1,66 hectómetros cúbicos al mes, el 6% del consumo de la zona metropolitana. Una cifra nada despreciable.
El puente marítimo fue ideado como una medida suplementaria más para conseguir caudal extra. Cada metro cúbico que aportan los buques aljibe o los pozos del acuífero del Llobregat es un metro cúbico más que se ahorra de los pantanos. En los planes iniciales del Departament de Medi Ambient, la principal vía de ingresos extra era el fallido trasvase del Segre.
La irregularidad de su caudal y la obligación de mantener un mínimo de agua circulando para evitar que se seque el río daban al proyecto un toque de inseguridad, que merecía ser cubierta, por ejemplo, con el agua de los barcos. Con el plan Ebro se acabó toda duda. El excedente de la concesión que tiene Tarragona supone un flujo constante y permanente que no necesita guardaespaldas.
2 ¿Cuánto más debería llover para asegurar el suministro?
Las lluvias del fin de semana revirtieron en un aumento de las reservas de los pantanos de unos 25 hectómetros cúbicos. Si el consumo mensual de la región que pende de los pantanos del Ter y el Llobregat es de 27 hectómetros cúbicos, puede concluirse que un fin de semana tormentoso como el pasado equivale a un mes más de suministro. Eso en el caso de que toda el agua que se beba proceda de los pantanos.
Siguiendo con ese supuesto, y partiendo de que con estas reservas se puede llegar a enero del 2009, solo habría que garantizar el suministro de unos cinco meses hasta la entrada en servicio de la desalinizadora de El Prat. Es decir, faltarían 138 hectómetros cúbicos o lo que es lo mismo, y usando esta nueva unidad comparativa, cinco semanas y un sábado extra como el pasado. Solo con el agua extra que a fecha de hoy ya se extrae de los pozos del área metropolitana (5,6 hectómetros cúbicos al mes), entre enero y mayo se recogerían 28 nuevos hectómetros. Un fin de semana de lluvias menos, por tanto.
3 ¿Hasta cuándo garantizan el consumo las desalinizadoras?
En palabras de Pedro Arrojo, el gurú en materia del agua y premio Goldman (el Nobel en medioambiente), la entrada en servicio de las desalinizadoras que están en marcha en Catalunya hará que Barcelona se olvide de la sequía "como mínimo durante los próximos 50 años".
En mayo del 2009 se pondrá en marcha la infraestructura de El Prat. Serán 60 hectómetros cúbicos anuales a los que, hasta el 2015, se irán sumando 140 más, con la construcción de otras dos (Tordera II y Cunit) y la ampliación de Tordera I, la única que funciona actualmente.
A esos 200 hectómetros cúbicos extra que provendrán del mar --que aguantarían por si solos el consumo de siete meses-- hay que sumar otras actuaciones estratégicas de la Agència Catalana de l'Aigua. Por ejemplo, la preservación del acuífero del Llobregat, para poder extraer agua en condiciones, esto es, no salinizada, y la mejora de la eficiencia de las conducciones de agua para limitar en lo posible las inevitables pérdidas que sufren. La inversión total es de 1.300 millones de euros.
4 ¿Es posible que la conexión Ebro-BCN no se utilice jamás?
Sí. Según ha repetido el Govern, solo se transportará el excedente del CAT de Tarragona a Barcelona si realmente es necesario. Esto significa que, una vez construida la infraestructura, si los índices de los pantanos presentan cierto desahogo --el suficiente para esperar a la desalinizadora de El Prat-- no debería circular una sola gota de agua.
Tomando en cuenta que la conducción es reversible, esto es, que también puede transportar agua a Tarragona desde Barcelona, la obra permitirá acudir en ayuda de la Costa Dorada cuando, en los meses de verano, la presión del turismo casi agota los cuatro metros cúbicos por segundo que la concesión permite extraer del Ebro.
No es descabellado pensar que, en un futuro, sea Barcelona la que ceda agua, bien por barco, bien por la conducción diseñada, a otras ciudades. El trasvase del Ebro a Barcelona, se utilice o no, quedará como una especie de seguro de vida para una región de más de 5,5 millones de personas. El 75% de la población de Catalunya y el 12,5% de la de toda España.
5 ¿Puede llegar a no construirse el trasvase al área metropolitana?
Por poder, se puede. Si el Gobierno del PSOE derogó, nada más volver al poder, el plan hidrológico nacional --y el polémico trasvase de 1.050 hectómetros cúbicos del Ebro a Barcelona, la Comunidad Valenciana y Murcia--, evidentemente se puede decir digo donde el Gobierno dijo Diego. Y cabe recordar que, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, en plena campaña de las elecciones del 2004 llegó a poner alguna primera piedra del trasvase.
Otra cosa es que se quiera. El Govern tiene un doble as en la manga para mantener las obras en el calendario. Por un lado, que, gracias al acuerdo con los regantes, no se extraerá ni una sola gota de agua del río, ya que los 1,2 metros cúbicos por segundo --el excedente del CAT-- que se transporten a Barcelona serán suplidos por otros tantos que provendrán del ahorro que han prometido los regantes.
La otra carta es que es reversible. El que se pueda llevar agua a Tarragona ha convertido una solución meramente temporal --llevar agua a una Barcelona sedienta-- en estructural.