El área metropolitana de Barcelona mandó ayer un claro mensaje a los regantes del Segre: su agua no caerá en saco roto. El malbaratamiento de agua potable --extraída hoy en un 45% del Ter pero, posiblemente en otoño, también del río leridano-- en la conurbación barcelonesa será perseguida y multada con hasta 3.000 euros. La Entidad de Medio Ambiente (EMA) del área metropolitana aprobó ayer el reglamento que fija las sanciones a imponer en caso de incumplir lo estipulado para la situación de Excepcionalidad 2 del decreto de sequía. Un reglamento que llega a los dos meses de decretarse la excepcionalidad pero, oportunamente, tan solo tres días después de que Medi Ambient reconociera estar tramitando el trasvase del Segre.
La modificación introducida ayer por la EMA (que agrupa a 33 municipios metropolitanos) divide las infracciones en tres niveles. Entre los incumplimientos leves en el uso del agua de boca se halla el lavado de vehículos (30 euros de sanción), el riego de jardines de menos de 1.000 metros cuadrados (entre 200 y 750 euros) y el llenado de piscinas de hasta 72 metros cuadrados de superficie (50 euros).
Si la superficie ajardinada se halla entre los 1.000 y los 3.000 metros cuadrados de superficie, y la de las piscinas, entre 72 y 300 metros cuadrados, la infracción se considera "grave" y acarrea una multa de hasta 1.500 euros. Si se superan los 3.000 y los 300 metros cuadrados, respectivamente, los infractores deberán abonar 3.000 euros.
Según el presidente de la EMA, Francesc Narváez, el consumo medio en el área metropolitana se sitúa en 182 litros por habitante y día, el más bajo de Catalunya, cuya media está en 272 litros por persona y día. En la ciudad de Barcelona, el consumo es aún más bajo, 110 litros.
VISITA AL CAMP DE TARRAGONA
El anuncio de los ayuntamientos metropolitanos, además, se produjo en vísperas de otra visita de alto voltaje del conseller de Medi Ambient, Francesc Baltasar. Esta mañana, Baltasar se reunirá con los alcaldes de Reus, Lluís Miquel Pérez, y Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros.
Las intenciones del Ayuntamiento de Reus de vender agua a Barcelona han soliviantado a parte del Baix Camp y del Priorat. La Mancomunitat del ToPoGraPo, formada por los municipios de Torroja del Priorat, Poboleda, Gratallops y Porrera y la Comunidad de Regantes del Río Siurana reclamaron ayer que "ya que el Camp de Tarragona es autosuficiente y cuenta con excedentes los que se transferirán a Barcelona vía barco, que se acabe con el trasvase del río Siurana".
El río nutre el pantano de Riudecanyes, construido por el Ayuntamiento de Reus en 1931. El convenio firmado en esa fecha, recuerda la Mancomunidad, "solo autorizaba a usar las aguas sobrantes y ahora el río baja seco". El embalse de Riudecanyes, de 4,5 hectómetros cúbicos, forma un sistema con el pantano de Siurana, de 12. Un 30% del abastecimiento de Reus proviene de aquí. Ayer, su capacidad era del 17,2%.
"No podemos crecer porque no tenemos agua y ahora resulta que a Reus, que ya cuenta con el agua del Ebro, le sobra para vender" resumió Jordi Català, alcalde de Poboleda.
Unió de Pagesos, por su parte, reclama que Reus y Tarragona reconsideren su posición de vender agua a Barcelona. Tarragona suministrará 2,5 hectómetros cúbicos, Reus, 2,5, y el sector químico, a través de la empresa Aitasa, 0,5.
UNA BUENA NOTICIA
Y a todo esto, y sin que sirva de precedente, ayer se conoció una buena noticia. Las lluvias y las nevadas caídas en las últimas semanas han dado un respiro a la situación de los embalses del sistema Ter-Llobregat. Así, la entrada en situación de emergencia del sistema --prevista para cuando el nivel embalsado baje del 20%-- se retrasa como mínimo 15 días, es decir, para mitad del mes de abril en lugar del próximo lunes, como marcaban las previsiones.
Sobre el trasvase del Segre, Baltasar señaló que era "la mejor opción" para una transferencia provisional como la proyectada. Los kiló-
metros a recorrer en tubería --apenas 14-- y la orografía plana --gracias al túnel del Cadí-- la sitúan en mejor posición que otras opciones estudiadas como captar agua del pantano de Oliana para llevarla hasta el río Cardener, afluente del Llobregat, y trasvasar agua del canal de Urgell --en Tàrrega-- hasta el río Anoia, también afluente del Llobregat.
Por distancia solo la prolongación en ocho kilómetros del minitrasvase del Ebro desde Cunit, donde finaliza, hasta Cubelles, localidad servida ya por Aigues del Ter Llobregat (ATLL), la distribuidora en alta para Barcelona, podía hacer sombra a la tubería de la Cerdanya. El pero se encuentra en el caudal accesible, apenas 300 litros por segundo, cinco veces menos que los 1,5 metros cúbicos por segundo que se conseguirán del Segre. El trasvase que preveía el PHN del 2001, derogado en el 2004, era de un metro por segundo, para lo cual se tenían que construir 62 kilómetros de conducción, con un coste de 178 millones de euros.
El objetivo es impedir que los embalses no lleguen a un nivel inferior al 15%, umbral a partir del cual deberían iniciarse las restricciones al consumo doméstico.