EDITORIAL (5-5-2008)

El agua y el civismo de los catalanes


Los catalanes no están por las disquisiciones cuasi teológicas de los partidos cuando se trata de garantizar suficiente agua de boca para el área metropolitana de Barcelona. El Barómetro de primavera que desde el viernes publica este diario indica claramente que todas las medidas de urgencia previstas por las autoridades para el caso de que la sequía se prolongue y amenace con restricciones son bien recibidas por la inmensa mayoría de los encuestados: por encima del 80%, con la excepción, curiosa por otra parte, del transporte de agua por vía marítima, es decir, utilizando barcos cisterna.

Ahora bien, los catalanes no están dispuestos a obtener agua a cualquier precio ecológico. La reutilización del agua de la depuradora de El Prat para consumo humano ocupa el primer lugar de las preferencias de los encuestados, para mayor gloria del sentido cívico de los ciudadanos. El minitrasvase puntual de agua del Ebro ocupa el cuarto lugar, también por encima del 80%, pero por detrás del ahorro y de las sanciones a los despilfarradores. También denota madurez ciudadana que, como soluciones para el abastecimiento a largo plazo, los encuestados prefieran desalinizadoras a los grandes trasvases: sean del Ródano o (permanente) del Ebro, opciones que dividen a la opinión pública catalana y enfrentan a los partidos políticos.

Como es lógico, la sequía aparece por primera vez en la lista de preocupaciones de los ciudadanos catalanes. Y lo hace situándose en el segundo lugar, a muy poca distancia de la inmigración, que vuelve a ser la preocupación más citada por los encuestados. Sin embargo, el transporte y las infraestructuras, que en enero eran la principal preocupación de los catalanes, han bajado al séptimo puesto, aunque la continuidad en su puesto de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, es la noticia del nuevo Gobierno peor valorada por los catalanes.

La firma, hoy mismo, del convenio entre el Gobierno central y el de la Generalitat que permitirá la construcción de una tubería de 60 kilómetros entre Tarragona y Olèrdola para llevar a Barcelona agua sobrante del Ebro, supone una luz de esperanza al final del túnel. Como desveló ayer este diario, la obra servirá en el futuro, cuando la desalinizadora de El Prat esté en funcionamiento y se supere la situación de sequía, para llevar agua en sentido inverso, hacia Tarragona, lo cual deberá contribuir a apaciguar las tensiones territoriales desatadas.


 
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