Los periodistas catalanes que aprendimos este oficio a finales de los años 60, antes de que su enseñanza fuera considerada materia para ser impartida en las aulas universitarias, tuvimos la extraordinaria suerte de encontrar en la Escuela de Periodismo de la Iglesia a verdaderos maestros. Lo eran porqué ejercían. No eran grandes teóricos, pero sí sabían de la práctica, del ejercicio diario en una redacción. Eran además gente de gran cultura y, algo difícil de manifestar públicamente en aquellos años de dictadura, eran demócratas militantes que no entendían su magisterio sin la transmisión de aquellos valores cívicos en los que creían.
Los hermanos Nadal, Santiago y Carlos, eran esa clase de periodistas y maestros. Años después de la desaparición de Santiago, ahora ha sido Carlos el que se ha ido dejándonos huérfanos de sus comentarios semanales, el Week-end Político Mundial en las páginas de La Vanguardia, a todos aquellos que nos hemos interesado por las relaciones internacionales desde los tiempos de estudiante de aquella escuela.
El profe, así me permitía llamarle coloquial y cariñosamente, era un pozo inagotable de sabiduría de la historia del siglo XX, una historia que había vivido, y que había explicado y analizado ininterrumpidamente para su lectores hasta el pasado domingo. Pero sus intereses eran mucho más amplios que el baile de los acontecimientos que tejen la historia. La literatura era otra de sus especialidades. En realidad, en los lejanos años de la Escuela de Periodismo había sido nuestro maestro de Lengua y Literatura españolas. Leer más