Su domicilio oficial desde 1987 es la Biblioteca Pública de Nueva York. Es donde se exhibe al auténtico y desgastado Winnie the Pooh que, antes de tener su propia estrella en el Paseo de la Fama, era un corriente y moliente osito de peluche de Harrod’s. El autor del Winnie literario, A. A. Milne, se lo regaló a su hijo Christopher Robin en su primer cumpleaños: 21 de agosto de 1921. Antes de ser Winnie the Pooh, la futura estrella de Disney debutó como un simple “oso Teddy o Edward”, apunta Christopher Finch en el libro Disney’s Winnie The Pooh, a celebration of the silly old bear. “Teddy bear” es como se conoce en inglés a cualquier osito de peluche desde que Theodore Teddy Roosevelt perdonó la vida a un osezno en una cacería en 1902.

Christopher Robin cambió el nombre al juguete tras sus visitas al zoo de Londres. El Winnie originario era un oso de carne y hueso: Winnie (por la ciudad canadiense de Winnipeg) había sido la mascota del ejército canadiense antes de recalar en el zoo londinense durante la I Guerra Mundial. Estaba tan domesticado –señala Finch– que hasta dejaban entrar a Christopher en la jaula. Y nació Winnie the Pooh. El hijo de A. A. Milne sacó el apellido de otro de sus juguetes: un cisne. Pero Winnie no vive solo en Nueva York. Comparte vitrina con el resto de sus colegas del bosque de los Cien Acres  (inspirado en el de Ashdown, al sur de Inglaterra, muy cerca de la casa de los Milne). Tigger y compañía también fueron en su día peluches de Christopher y, según añade la biblioteca neoyorquina, de su perro, que fue quien más contribuyó a su desgaste actual.

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