Leo que un cardenal de Ghana se ha mostrado a favor del uso del preservativo en las parejas casadas si uno de sus miembros está contagiado de sida. Ya va siendo hora de escuchar por parte de los representantes de la Iglesia católica cosas sensatas respecto al uso de los condones, y más cuando el sida causa estragos en África. Según datos de Naciones Unidas, en este continente se dan nueve de cada diez casos de infección del VIH y más del 80% de las muertes por sida. A pesar de todo, la falta de educación, una insuficiente asistencia sanitaria y el precario acceso a la información provocan que en zonas rurales de países como Senegal aún muchos sigan negando la existencia de esta enfermedad. En Kafountine sondeé sobre la incidencia del sida y todos los africanos me aseguraron no conocer a nadie que esté infectado o que haya muerto como consecuencia del VIH. "Aquí esto no existe. Éste es un mal de los blancos, no de los que tenemos la piel negra", me llegaron a soltar.

En esta mediana población de la costa de la Casamance el uso de preservativos no parece estar demasiado extendido, a juzgar por la cantidad de embarazos no deseados y madres solteras que existen. Además, la prostitución está a la orden del día. Es habitual que las jóvenes se prostituyan de forma esporádica para sacarse algo de dinero, ya sea para comprarse algo de ropa, mechas para trenzarse el cabello o crédito para el móvil. También los chicos y los hombres hacen lo propio con las turistas, en especial las "maduritas", para dejar de tener los bolsillos vacíos o bien con la esperanza de conseguir un matrimonio que les garantice el pasaje a Europa y dejar atrás su vida miserable y carente de estímulos. Ante este panorama, yo me pregunto en muchas ocasiones cuál será el porcentaje de infectados en esta región. Conocer la tasa real no debe de ser fácil, ya que aquí en la mayoría de las defunciones se desconoce la causa de la muerte. Leer más

Es época de lluvias en Senegal. El paisaje en la región de la Casamance se vuelve más hermoso. Un verde manto cubre ahora toda la tierra. La hierba brota incluso donde hace unos meses sólo había arena. Aparecen lagunas en lugares insospechados y cuando descarga el chaparrón, además del tintineo de la lluvia o algún que otro trueno, también se pueden escuchar incesantes conciertos de ranas. El hivernage, como aquí llaman a la estación de lluvias, posee su encanto. Resulta impresionante observar cómo de manera repentina se forma una tormenta. Grandes nubarrones negros cubren y cambian el color del cielo en cuestión de minutos. Al divisar que se acerca la tormenta, todos corren a resguardarse y a esperar que la lluvia cese. Aunque los habitantes de Kafountine conviven durante unos cuatro meses con los chubascos, sorprende comprobar que en ocasiones se suspendan las clases en las escuelas o incluso que haya algunos que falten a su puesto de trabajo alegando que les sorprendió la tempestad. Después del chaparrón muchas calles del pueblo quedan encharcadas y en algunos tramos no queda más remedio que sumergir los pies en el fango. Es habitual acabar con la vestimenta salpicada de barro, en una época en la que, para más inri, es necesario mirar al cielo si se pretende hacer la colada.

Otra de las consecuencias negativas de esta estación es el aumento de los mosquitos. Es fundamental protegerse la piel de las picaduras, en especial al atardecer y al alba, y no sólo por el picor o incluso la hinchazón que puede provocar en nuestra piel este insecto sino también para evitar la malaria. La hembra del mosquito Anopheles es la encargada de transmitir el paludismo a los seres humanos. Es tal la fiebre que produce, que son frecuentes los escalofríos y delirios durante esta enfermedad. Resulta vital no errar el diagnóstico e iniciar el tratamiento ante los primeros síntomas, ya que en caso contrario puede ser mortal. Los colectivos más vulnerables a los parásitos del plasmodium son los niños, los ancianos o las mujeres embarazadas.

Para los que venimos de los países occidentales la posibilidad de contraer la malaria es una de nuestras principales preocupaciones cuando estamos en una zona endémica. He conocido a pocos turistas en Senegal que no tomen la profilaxis como medida de prevención, a pesar de que las pastillas no aseguran la inmunidad contra el plasmodium. Por este último motivo y para evitar los efectos secundarios, los residentes o aquellos que tenemos previsto pasar una larga temporada en este país descartamos tomar los comprimidos de forma continuada. Cabe decir que la práctica totalidad de la población del sur de Senegal ha padecido el paludismo, erradicado hace tiempo de los países del norte. Los síntomas pueden confundirse con los de una gripe corriente, por la fiebre, el dolor de cabeza, dolor muscular y una sensación de cansancio general. De hecho, los habitantes de la Casamance afrontan esta enfermedad con la misma naturalidad con la que nosotros, los nacidos en países más avanzados, abordamos una gripe común.

Se trata de una afección tan corriente en esta región que los senegaleses suelen equivocarse y creen percibir síntomas de paludismo ante cualquier deterioro de salud, ya sea una gripe estacional, cansancio general, un virus intestinal o incluso, y no es broma, una resaca de alcohol. Afortunadamente los hospitales y centros de salud cuentan con un test rápido de detección.

Por cierto, en Kafountine nadie habla de la gripe A. Mientras en otros continentes la aparición de este virus ha causado un gran revuelo, en el África subsahariana la malaria sigue cebándose con la población. Según la Organización Mundial de la Salud, cada 30 segundos muere un niño de paludismo, y la mayoría de ellos son de este vasto continente. Este organismo asegura que el plasmodium afecta por lo menos a 247 millones de personas en todo el mundo y se cobra cerca de un millón de vidas cada año. Sin embargo, no se ha descubierto aún una vacuna contra esta vieja enfermedad. En cambio y para mi sorpresa, la vacuna contra la nueva gripe, que así se le llama porque es un virus de aparición reciente, estará lista este otoño. No sé por qué algo me dice que si el paludismo fuera un mal que segara la vida en los países avanzados esta vacuna también podría estar lista en unos pocos meses.

Para los que no profesamos la religión musulmana y, por tanto, no debemos seguir el Ramadán se hace difícil encontrar durante este mes en Senegal un restaurante local donde comer a mediodía o hasta incluso proveerse de una barra de pan a primera hora de la mañana. En la capital, Dakar, la mayoría de tanganas mantienen sus persianas bajadas hasta que se esconde el sol. Un tangana es una especie de quiosco donde se puede desayunar pan con mahonesa o mantequilla con un nescafé con leche o almorzar espaguetis con tortilla o carne, por ejemplo. También los vendedores ambulantes de nescafé o de café touba (más flojito, dulce y especiado) han dejado de circular con sus carritos oxidados, dada la ausencia de clientes hasta el anochecer. Incluso las pastelerías más selectas de la capital senegalesa, donde es habitual que tomen el desayuno los occidentales que viven en esta caótica ciudad, muestran sus vitrinas semivacías, con poca variedad de bollería. Leer más

El motor de la economía en Kafountine (Senegal) es la pesca. En las aguas de la zona operan unas 60 piraguas de grandes dimensiones, pero pueden llegar a concentrarse hasta unas 200 barcas extendiendo sus redes en las inmensidades del azul. A pesar de llenar cajas y cajas de pescado a diario, la infraestructura del sector en la población es precaria. Tanto es así que el pasado 22 de junio se tuvieron que tirar 50 toneladas de sompat, que es una especie muy valorada en Senegal.

Ese día, los pescadores de Kafountine y alrededores tuvieron la fortuna de topar con bancos enormes de esta clase de pez y volvieron a la playa con las redes a rebosar. Una vez en tierra firme se encontraron con el problema de que la mayoría de camiones de mercancías estaban circulando por las carreteras de Senegal, transportando el pescado del día anterior. En Kafountine no había suficientes vehículos para llevar los sompat a la capital, Dakar, o a otras poblaciones. Tampoco existe ni un solo almacén frigorífico donde congelar pescado, tan sólo una pequeña fábrica de hielo. Así, ¿qué hacer con las 50 toneladas de la preciada especie?

Entre la población local la noticia corrió como la pólvora. Sus habitantes se apresuraron hacia la playa para volver a sus casas con bolsas repletas de este nutritivo alimento. Es habitual en días buenos de pesca ofrecer de forma gratuita el pescado excedente a aquéllos que se acercan a las barcas. Ahora bien, era tal la cantidad recogida el pasado 22 de junio que, a pesar de regalar parte de la mercancía, igualmente se desperdiciaron 50 toneladas de sompat. Cabe decir que la mayoría de la población no dispone de frigorífico ni congelador en sus hogares y el calor no ayuda a la conservación en buen estado del pescado. @MORE@

El presidente de la lonja de pescado del pueblo, Moro Demba, recuerda con tristeza el terrible acontecimiento. "Jamás olvidaré esta fecha, el 22 de junio", asegura. A los encargados de la lonja no les quedó otra salida. Era imposible consumir tanto alimento en un día, no había posibilidad de congelarlo y tampoco de transportarlo. Decidieron, apenados, cavar un gran agujero y enterrar los formidables sompat para evitar males mayores con tal cantidad de pescado pudriéndose en la playa.

Abasse Badiane hace siete años que trabaja como jefe del servicio de pesca y viene a ser el representante de Dakar en la lonja de Kafountine. Asegura que es la primera vez que se desperdicia tal cantidad de pescado de buena calidad. "En muchas ocasiones se tira mucha sardina, por ejemplo, pero no una especie como el sompat, esperemos que esto no se repita". Un kilogramo de este pescado se vende a unas 700 cefas, cerca de un euro, por lo que el 22 de junio se perdieron unos 3.500.000 cefas, cerca de 4.000 euros. Todo un desastre para esta región del sur de Senegal.

Hace años que el sector de la pesca de Kafountine reclama al Estado que ponga al día las infraestructuras. A la zona de pescadores de la playa no llega ni siquiera la electricidad, aunque ahora parece que esta cuestión se va a solucionar. El acceso al agua corriente fue financiada por los propios agentes implicados. El presidente de la lonja, Moro Demba, despotrica de los gobernantes de su país. "A ellos tanto les da que nosotros nos muramos de hambre, el Estado no se ocupa de nada", afirma decepcionado. "No se trata de tomar las armas -dice en alusión a la guerra en la Casamance que tuvo lugar hace unos años-, sino de luchar con la palabra. No me van hacer callar". A pesar de esto, a Moro Demba se le prohibió tomar la palabra para intervenir durante la visita del Ministro de la Economía Marítima, Kouseichi Thiam, a Kafountine hará cosa de un mes. Y es que no gustaron nada en Dakar unas declaraciones encendidas que hizo previamente denunciando la precaria situación del sector.

De momento no se vislumbra ningún proyecto a la vista para construir un gran almacén frigorífico que ponga fin al desperdicio diario de pescado. Cualquiera que se pasee por la orilla del mar en Kafountine puede contemplar la penosa situación. Cada día centenares de peces abandonados en la playa. A parte de la degradación ecológica y ambiental que comporta, duele pensar que en una población africana no quede otra salida que tirar 50 toneladas de pescado, cuando a unos kilómetros hacia el interior, en otras localidades o en otros países del vasto continente, comer pescado es un lujo inalcanzable. Paradojas de la vida...  enterrar millones de peces en África, de donde nos llegan imágenes horribles de niños con sus pequeños vientres inflados por el hambre y la desnutrición. 

 

La cultura de los diola, la etnia mayoritaria en la region de la Casamance (suroeste de Senegal), cuenta con grandes secretos que perduran con el paso de los años gracias a una arraigada tradicion oral, que se transmite de padres a hijos. El pasado 1 de agosto tuvo lugar en el apacible pueblecito interior de Dianki la ceremonia de la iniciacion. Durante dos o tres semanas, los niños y jóvenes nacidos en este lugar deben permanecer en lo que se conoce como el «bosque sagrado», con el objetivo de convertirse en hombres de «verdad».

Se considera, por ejemplo, que un muchacho no puede casarse si no ha pasado por este ritual, que se celebra en los pueblos diola una vez cada treinta años. Thermo Sonko es un joven de 32 años que va a ser iniciado. Me cuenta que, de momento, no tiene novia pero que espera poder casarse el próximo año. Confiesa sentir un poco de temor ante el secretismo y el halo de misterio que envuelve todo lo relacionado con el "bosque sagrado". "Nadie nos ha contado nada sobre lo que pasa en su interior", asegura. Koudar Camara, de 23 años, reconoce también sentir un poquito de miedo y afirma que lo más duro ha sido permanecer los ocho meses previos a la iniciación sin ver a su novia. Y es que las relaciones sexuales están terminantemente prohibidas a los futuros iniciados. "Pero ni a escondidas os habeis encontrado?", le pregunto. Me responde con un "no" taxativo.  Tampoco esta permitido salir de fiesta o trepar por los arboles.

El grupo de iniciados de Dianki es numeroso y sus integrantes son varones de entre un año y treinta y tantos de edad. Los mas pequeños no comprenderán ni recordarán nada de lo que sucede. A pesar de esto, es recomendable su entrada. De esta forma se garantizan poder desposar a una joven en el futuro. Y es que se desconoce cuándo tendrá lugar la próxima ceremonia de iniciación. En el caso de que un muchacho no tuviera la oportunidad de entrar en el bosque sagrado y desee un enlace matrimonial, lo podrá hacer, pero tendra que pagar, como multa, un buey, lo que supone unas 250.000 cefas, si quiere ser iniciado en el futuro. Leer más

Observar escenas de pataletas entre los niños de los países occidentales es algo cotidiano. En un restaurante, en el metro, en la playa... la madre o el padre contrariados porque el pequeño, enrojecido por la ira, berrea sin parar. Algunos intentan aplacar las lágrimas de su hijo con palabras de aliento, otros a gritos o con algún que otro bofetón. En África, sin embargo, no he podido presenciar ni una sola rabieta infantil. Y llevo medio año aquí, en Senegal. A veces me pregunto que les darán a los niños de este continente para que sean tan sufridos desde pequeñitos.

Hace un par de meses, tuve la oportunidad de descubrir los encantos de Guinea Conakry. Me empeñé en realizar el viaje a lo africano, lo que consiste en desplazarse por el país en sept-places (taxi colectivo) y no con coche privado o de alquiler. Los vehículos están diseñados para transportar como máximo siete personas, como su nombre indica. Pero en Guinea Conakry, a bordo del cuatro ruedas, cual lata de sardinas, llegamos a embarcarnos hasta trece o catorce personas. El secreto es aprovechar cualquier hueco libre. En uno de los trayectos incluso tuve la privilegiada experiencia de sentarme en el espacio que existe entre el asiento del conductor y el del copiloto. Es decir, justamente donde se encuentra el freno de mano. En el momento en que el chófer necesitaba hacer uso de éste, emitía una especie de gruñido, porque el calor y el hacinamiento nos convierte parcos en palabras. Yo captaba al instante que me comunicaba que debía elevar mi trasero para que el pudiera tirar del freno de mano. Leer más

Se llama Ndeye Ami. Tiene tan solo seis añitos y una mirada dulce y tierna que me roba el corazón. Hacía días que no la veía cruzar la calle, como de costumbre, haciendo mil y un recados. Comprar azúcar, té o incluso tabaco para los adultos. La pequeña vive en Kafountine con su tía, Thiebbou Sew, que se ocupa de ella. Su padre reside en otro pueblo, Bignona, y su madre, en Ziguinchor. Me entristece pensar que esta princesita, obediente y trabajadora como la mayoría de las niñas senegalesas, va a crecer sin el calor de sus progenitores. Pregunté a su tía por Ndeye Ami. "Verás –me dijo–, durante la época de lluvias, las niñas están de vacaciones, no van a la escuela, y se aprovecha este momento para practicarles la circuncisión". No pude ocultar mi dolor y mi frustración ante tal revelación. Solté, sin pensarlo, un "NO", a lo que los presentes me respondieron sonriendo: "Es nuestra cultura. No pasa nada. Se encuentra perfectamente". Permanecí con mis amargos pensamientos en silencio y dejé que las lágrimas rodaran por mis mejillas ante la mirada atónita de la mujer y de mi amigo, Bacary, ambos senegaleses. Ndeye Ami sufrirá en el futuro las nefastas consecuencias físicas y psicológicas de una práctica aberrante, discriminatoria y peligrosa para la salud de la mujer. Por el simple hecho de no ser un varón, tal vez le arrancaron para siempre toda posibilidad de obtención de placer sexual. Leer más

El mes de julio ya ha comenzado y asoman pocos turistas españoles en poblaciones turísticas de la costa senegalesa como Kafountine. De hecho, los extranjeros podría decirse que llegan con cuentagotas. Pésimas perspectivas para los pequeños comerciantes y los negocios relacionados con el turismo. La estampa es desoladora, sobre todo para los dueños de estos establecimientos familiares. Hoteles, campamentos, bares y restaurantes desiertos. Incluso algunos de ellos han optado por cerrar un par de meses. Un trabajador del Hotel Karone así me lo contaba: "El año pasado ya fue flojo y éste pinta peor. No teníamos ni una reserva y hemos decidido cerrar hasta septiembre".

La temporada alta en Kafountine empieza el mes de octubre y se prolonga hasta febrero, cuando tiene lugar su carnaval, muy popular en la región. Paul, de Costa de Marfil, es el dueño de un humilde restaurante en el pueblo y me cuenta apenado que el negocio que puso en marcha hace un par de meses no acaba de funcionar. Le pregunto si cree que la escasez de turistas es consecuencia de la crisis internacional. Paul asiente y añade otra posible causa disuasoria para los extranjeros: los ataques en la carretera de bandidos y rebeldes. Y es que desde hace un par de meses los robos y agresiones a los vehículos que circulan por las carreteras de la región norte de la Casamance han aumentado considerablemente. Leer más

En Kafountine, pasean de la mano con su colega rastaman, mostrando sin pudor que el amor no entiende de edades, colores de piel ni culturas diferentes. Ellas han dejado atrás la tierna juventud que mantenía firme su figura y su rostro blanco. El paso de los años ha hecho estragos en su piel. Las arrugas y la flacidez de sus cuerpos, que las ha vuelto transparentes para la gran mayoría de hombres, contrasta con la piel negra y tersa y la musculatura recia y contorneada de sus jóvenes amantes. Ellas, por su edad, podrían haber concebido a esos muchachos de cuerpo escultural que son el objeto de su deseo. ¿Se trata de amor o de una simple transacción?, me pregunto. En la mayoría de los casos los guapetones senegaleses utilizan sus encantos para seducir a las mujeres maduritas con la esperanza de obtener regalos, dinero y, si se cuenta con suerte, incluso hasta un matrimonio que será la puerta de entrada a la ansiada Europa. Leer más

No pasa una semana sin que algún conocido acuda a un entierro, ya sea de ancianos, adultos o jóvenes. Yo siempre pregunto sobre la causa de la muerte, conociendo de antemano la respuesta, "no se sabe" o "Dios así lo ha querido". Ni una sola vez en los meses que llevo aquí nadie ha atribuido un fallecimiento a una enfermedad concreta. Tal vez te cuenten que ese día el fallecido se sentía mareado o que los vómitos le acompañaron durante sus últimas horas...

En la mayoría de los casos la población no acude al hospital o cuando lo hacen ya es demasiado tarde. La causa principal no suele ser la ignorancia sino la miseria. Costearse la visita a un doctor supone un gran esfuerzo económico para las familias senegalesas. Aquí en Kafountine, por ejemplo, no hay ningún hospital, ni tan siquiera un médico. Tan sólo disponen de un centro de salud sórdido y precario y los casos han de ser atendidos por un enfermero, con cero vocación profesional y escasa formación en la materia. Al visitar el lugar quedé horrorizada, sobre todo por la carencia de higiene en las salas de curas y la falta de escrúpulos del encargado del lugar. He sondeado entre los habitantes de este pueblo pesquero sobre el funcionamiento de este equipamiento sanitario y todos responden exactamente lo mismo: "Mejor no ir a curarse a este centro si se quiere evitar un funeral. Los enfermos que entran, no salen con vida". Leer más

¡Bienvenida al narco-estado! De esta peculiar manera me recibieron en la capital de Guinea Bissau, y no se trataba de una broma. Esta ciudad se ha convertido en una especie de almacén de África de la cocaína, que, procedente de Colombia, tiene como destino final Europa. En este peculiar lugar del planeta impera la ley de los narcos con el beneplácito de los poderes públicos. El ambiente que se respira es tan enrarecido y bochornoso, como las elevadas temperaturas que fatigan a sus conciudadanos cuando el sol brilla en lo alto. El asesinato a principios de marzo de los dos líderes del país, el presidente, Nino Vieira, y el jefe del Estado mayor, Tagme Na Waié, no ha hecho más que perjudicar la ya delicada situación. El país se encuentra paralizado, a la espera que alguien tome las riendas del gobierno, desde el atentado con coche bomba que acabo con la vida del jefe militar y el posterior asesinato del máximo dirigente. El dinero ha dejado de circular, entre otras cosas, porque el negocio de la droga también se encuentra en estado de coma vegetativo. Leer más

En la región del sur senegalés de la Casamance todavía perduran en muchas poblaciones tradiciones y costumbres ancestrales animistas. Resulta realmente curioso observar cómo cohabitan la tecnología de los móviles o internet, por ejemplo, con creencias mágicas y supersticiones heredadas de los antepasados. La cultura animista resiste a pesar de la llegada precipitada de bienes o servicios de la era moderna a África.

Un ejemplo de la pervivencia de estos vestigios de antigüedad en pleno siglo XXI es el caso de los reyes animistas que aún podemos hallar en determinados pueblos. Estos peculiares monarcas son figuras veneradas y respetadas por sus súbditos. Se autodefinen como defensores de la paz y la justicia entre pueblos. A mi entender, son una especie de guardianes del cumplimiento y del mantenimiento de las creencias animistas, tales como el sacrificio de animales con el objetivo de pedir una buena cosecha de arroz, lluvia para el campo, fertilidad para un matrimonio... Cabe decir que las tradiciones animistas se han ido transmitiendo de padres a hijos de forma oral. Atribuyen un espíritu a animales, plantas o fenómenos naturales, de tal manera que un árbol, una montaña o un río pueden ser considerados sagrados. Leer más

El pasado 11 de mayo, la región del sur senegalés de la Casamance y también toda Gambia se volcó en la celebración del aniversario de la muerte del mito de la música reggae Bob Marley, fallecido hace 28 años. La mediana localidad costera de Kafountine, conocida como la pequeña Jamaica en Senegal, se preparó para la cita. Aquí abundan los seguidores de la música reggae y de la filosofía rastafari que organizan cada semana fiestas en los bares del pueblo. Así que, con motivo de una efeméride tan especial, no es de extrañar que el recuerdo de Bob Marley se percibiera en el ambiente ya desde el amanecer. Un canal de televisión senegalés emitía continuamente reportajes sobre la legendaria figura del reggae y en diferentes lugares los muchachos seguían con atención su historia y entonaban con nostalgia las letras de sus canciones.

En una región como ésta, la Casamance, conocida por su movimiento de resistencia a la esclavitud siglos atrás, a la Francia de la época colonial, y ahora al centralismo de la capital del país, Dakar, tiene sentido que haya cuajado este tipo de música. El reggae es una manifestación de protesta de los negros contra la opresión de los blancos. Pretende afianzar las raíces africanas con el objetivo de crear una conciencia racial y sobre todo defiende la libertad. Todo ello va estrechamente ligado con la filosofía del rastafarismo, que llegó a Jamaica hacia 1945 de la mano de Marcus Garvey. Este político de dicha isla caribeña fue el ideológo del movimiento de regreso a África entre la comunidad negra de Estados Unidos. Ahora bien, el origen del rastafarismo no tuvo lugar en Jamaica sino en Etiopía durante la primera mitad del siglo XX. Haillé Selassie, emperador de este país africano, fue el creador de esta filosofía. Aquí en Kafountine descubrí la existencia de dicho personaje al observar su foto en los amuletos que lucen orgullosos algunos muchachos. Leer más

No es necesario viajar a África para conocer historias tristes y de infancias indeseables, aunque sí que la cruda realidad de este continente hace habitual topar con muchachos, cuyas vidas han supuesto un auténtico calvario. Es el caso de Bacary Darry. Lo conocí en la escuela porque acudía a mis clases de inglés. Era el alumno más aplicado y uno de los pocos con los que he podido sentirme orgullosa como profesora al percibir sus progresos en esta lengua extranjera. Un día me anunció que desgraciadamente debía de abandonar el curso. La temporada turística tocaba a su fin en Kafountine, lo que le dejaba sin su empleo actual y ahora le habían ofrecido trabajo como pescador en una piragua. Bacary Darry necesitaba ahorrar para costearse el pasaje a Dakar, donde contaba con más posibilidades laborales. Con cierta lástima, por la pérdida de uno de mis alumnos más aventajados, le deseé mucha suerte. Tras un par de días, lo encontré por el pueblo. Sus ojos vivarachos y risueños se mostraban apagados. Su rostro, salpicado de salitre, no mentía. Los poros de su piel traslucían un gran agotamiento. Preocupada por su visible deterioro, le pregunto por su nuevo empleo. Lleva dos días trabajando. El primero, me comenta, se lo pasó vomitando. Navega en una minúscula embarcación que zozobra al ritmo de las olas oceánicas. El mareo fue ya superado en la segunda jornada en el mar. En este caso, si digo que el muchacho "trabaja de sol a sol" me quedo corta. Bacary debe de estar en la playa de madrugada para preparar la piragua y antes del alba zarpa a la mar. La vuelta a tierra firme dependerá de los peces que puedan capturar y de los quilómetros que necesiten recorrer para encontrar mercancía de calidad. El horario laboral de las dos primeras jornadas ha sido de cuatro de la madrugada a siete u ocho de la tarde-noche. Lo peor llega cuando me revela el salario percibido, 500 cefas por día, no llega a un euro. Prácticamente 18 horas trabajando y un sueldo que equivale al precio del plato del día en Senegal. La piragua es ocupada por él y otros dos pescadores más, el dueño de la embarcación y de las redes y el hermano de éste. El propietario de la piragua se llevará la mejor parte del pastel. El pescado capturado se vende a 800 cefas el quilo y me cuenta que en la segunda jornada llenaron una caja, de 40 quilos. Haciendo cuentas, la ganancia obtenida por la venta de pescado es de 32.000 cefas, unos 50 euros. Éste no es el beneficio neto, puesto que se debe deducir el gasto del combustible, pero tampoco parece lógico que al jornalero sólo le corresponda la miserable cifra de 500 cefas.

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En muchas ocasiones preferimos quejarnos de las injusticias, antes que actuar para intentar producir algún cambio a nuestro alrededor, por pequeño o insignificante que parezca. Es más cómodo el lamento y la resignación que invertir energía en alguna causa justa. Afortunadamente existen algunos pocos que con su ejemplo demuestran día a día que otro mundo es posible.

Es el caso de Albert Ballerini, un cooperante español que vive desde hace unos años en el pueblecito pescador de Kafountine, en Senegal. Se trata de un viejecito de 87 años que ha consagrado toda su vida a los pobres. Este octogenario entrañable renunció desde su tierna juventud a todo tipo de comodidades y lujos y optó por una existencia espartana. Sobrevive día a día con lo justo y su misión ha sido entregarse a los más necesitados. La labor humanitaria que ha desempeñado le ha llevado a recorrer Sudamérica, Australia y, ya a su vejez, África, donde lleva viviendo sus ultimos 14 años. Leer más

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