El motor de la economía en Kafountine (Senegal) es la pesca. En las aguas de la zona operan unas 60 piraguas de grandes dimensiones, pero pueden llegar a concentrarse hasta unas 200 barcas extendiendo sus redes en las inmensidades del azul. A pesar de llenar cajas y cajas de pescado a diario, la infraestructura del sector en la población es precaria. Tanto es así que el pasado 22 de junio se tuvieron que tirar 50 toneladas de sompat, que es una especie muy valorada en Senegal.
Ese día, los pescadores de Kafountine y alrededores tuvieron la fortuna de topar con bancos enormes de esta clase de pez y volvieron a la playa con las redes a rebosar. Una vez en tierra firme se encontraron con el problema de que la mayoría de camiones de mercancías estaban circulando por las carreteras de Senegal, transportando el pescado del día anterior. En Kafountine no había suficientes vehículos para llevar los sompat a la capital, Dakar, o a otras poblaciones. Tampoco existe ni un solo almacén frigorífico donde congelar pescado, tan sólo una pequeña fábrica de hielo. Así, ¿qué hacer con las 50 toneladas de la preciada especie?
Entre la población local la noticia corrió como la pólvora. Sus habitantes se apresuraron hacia la playa para volver a sus casas con bolsas repletas de este nutritivo alimento. Es habitual en días buenos de pesca ofrecer de forma gratuita el pescado excedente a aquéllos que se acercan a las barcas. Ahora bien, era tal la cantidad recogida el pasado 22 de junio que, a pesar de regalar parte de la mercancía, igualmente se desperdiciaron 50 toneladas de sompat. Cabe decir que la mayoría de la población no dispone de frigorífico ni congelador en sus hogares y el calor no ayuda a la conservación en buen estado del pescado. @MORE@
El presidente de la lonja de pescado del pueblo, Moro Demba, recuerda con tristeza el terrible acontecimiento. "Jamás olvidaré esta fecha, el 22 de junio", asegura. A los encargados de la lonja no les quedó otra salida. Era imposible consumir tanto alimento en un día, no había posibilidad de congelarlo y tampoco de transportarlo. Decidieron, apenados, cavar un gran agujero y enterrar los formidables sompat para evitar males mayores con tal cantidad de pescado pudriéndose en la playa.
Abasse Badiane hace siete años que trabaja como jefe del servicio de pesca y viene a ser el representante de Dakar en la lonja de Kafountine. Asegura que es la primera vez que se desperdicia tal cantidad de pescado de buena calidad. "En muchas ocasiones se tira mucha sardina, por ejemplo, pero no una especie como el sompat, esperemos que esto no se repita". Un kilogramo de este pescado se vende a unas 700 cefas, cerca de un euro, por lo que el 22 de junio se perdieron unos 3.500.000 cefas, cerca de 4.000 euros. Todo un desastre para esta región del sur de Senegal.
Hace años que el sector de la pesca de Kafountine reclama al Estado que ponga al día las infraestructuras. A la zona de pescadores de la playa no llega ni siquiera la electricidad, aunque ahora parece que esta cuestión se va a solucionar. El acceso al agua corriente fue financiada por los propios agentes implicados. El presidente de la lonja, Moro Demba, despotrica de los gobernantes de su país. "A ellos tanto les da que nosotros nos muramos de hambre, el Estado no se ocupa de nada", afirma decepcionado. "No se trata de tomar las armas -dice en alusión a la guerra en la Casamance que tuvo lugar hace unos años-, sino de luchar con la palabra. No me van hacer callar". A pesar de esto, a Moro Demba se le prohibió tomar la palabra para intervenir durante la visita del Ministro de la Economía Marítima, Kouseichi Thiam, a Kafountine hará cosa de un mes. Y es que no gustaron nada en Dakar unas declaraciones encendidas que hizo previamente denunciando la precaria situación del sector.
De momento no se vislumbra ningún proyecto a la vista para construir un gran almacén frigorífico que ponga fin al desperdicio diario de pescado. Cualquiera que se pasee por la orilla del mar en Kafountine puede contemplar la penosa situación. Cada día centenares de peces abandonados en la playa. A parte de la degradación ecológica y ambiental que comporta, duele pensar que en una población africana no quede otra salida que tirar 50 toneladas de pescado, cuando a unos kilómetros hacia el interior, en otras localidades o en otros países del vasto continente, comer pescado es un lujo inalcanzable. Paradojas de la vida... enterrar millones de peces en África, de donde nos llegan imágenes horribles de niños con sus pequeños vientres inflados por el hambre y la desnutrición.