Tuesday, December 22, 2009 2:43 PM
Carles Requena
Cooperación y alteridad
Hace tiempo que en alguno de mis posts hablaba sobre los problemas de acercamiento norte-sur que plantea la cooperación internacional, y a colación del proyecto que estamos realizando en Mozambique desde hace años, y que consiste en apoyar a los colectivos de artistas mozambiqueños de la Asociaçao Cultural Casa Velha en Maputo y Nampula para que sus actividades de sensibilización tengan cada vez más impacto y para que su tejido asociativo se consolide, se me ocurren unas cuantas reflexiones.
Como componente o factor principal de nuestra relación norte-sur (llamada de otras múltiples formas) tenemos al dinero; esa ficción impuesta dictatorialmente que obliga a que todo o casi todo se convierta en transacción económica. Después, colaboran al crecimiento del ruido la excesiva movilidad de los habitantes del norte, nuestro chip colonialista-exportador, nuestro simbólico unicista etnocéntrico procedente de la edad moderna (más vivo de lo que parece). Muchos sabemos esto y entendemos cuáles son las trampas principales, pero el problema consiste en entender cuál es el funcionamiento del sofisticado artilugio del poder. Llegar a la sinceridad o a una comunicación clara entre ONG del norte y contrapartes del sur representa un esfuerzo titánico casi imposible de culminar, tal es la distorsión imperante, que acrecentan nuestras herramientas de trabajo.
La cooperación cultural, la cooperación para el desarrollo, la cooperación transformadora, exigen unas dosis de autocrítica y de inconformismo muy elevadas, ya que por lo general los instrumentos o medios de comunicación o transmisión están contaminados; marcos de financiación, prioridades territoriales, dinero, calendarios de ejecución... Es preciso reimaginarlo todo, pero principalmente es preciso atender, escuchar al otro, incentivar al otro a que diga lo que siente, lo que quiere. No estoy hablando de metodologías, de cosas científicas, de nuevos mecanismos de diagnóstico o de evaluación; hablo de una actitud vital.
Todos estos impedimentos que nos impiden acercarnos a los mundos con los que nos relacionamos con suficiente respeto y precacución, siento que en cierta medida nos hacen llegar tarde ante una meta transcendental que aún ni tan solo se ha fijado; conseguir que las acciones de cooperación (también incluyo la ayuda humanitaria, aunque hablaré en otro post de ella) nos AYUDEN en el norte a no perder la diversidad/alteridad que hace siglos que nos empeñamos en destruir. Impedir que ciertas sabidurías perezcan ahogadas bajo la presión de nuestra religión fundamentada en una economía explotadora.
Hace tiempo que en Occidente no estamos seguros de que nuestro modelo socioeconómico sea la única opción, el mejor camino, e incluso hay quien piensa que pueda ser un itinerario hacia el colapso. Paralelamante al calentamiento global, y a la desastrosa opereta de Copenhague, corren fenómenos como la destrucción de la diversidad biológica, o como el exterminio de la diversidad cultural. La cooperación debería ser vista más allá de una ayuda a poblaciones en dificultades que "no saben espabilarse", más allá de un instrumento de expansión comercial o política, debería ser vista como un ejercicio de conciencia global que concentre energía en proteger otras formas distintas de entender la sociedad, que conserve opciones, pues las necesitaremos pronto.