15 años hace que la Fundació Comtal empezó a hacer camino al andar. ¡15 años de vida, de ilusiones, de esfuerzos, de servicio! Si hacemos un símil con el ser humano podemos decir que estamos en plena adolescencia! Y por tanto en constante rebeldía contra todo y contra el mundo, como diríamos de todo buen adolescente, pero una rebeldía, en nuestro caso, sana, un malestar producto del crecimiento, de las ganas de llevar a cabo proyectos que respondan a las necesidades y cada vez con mayor calidad. Tal vez todos lo que hemos aprendido y cambiado en esta trayectoria nos está abriendo las puertas hacia la madurez. ¡ Estamos de aniversario y queremos celebrarlo!
Por eso en conmemoración de este aniversario, la entidad está organizando diferentes actos de índole distinta, el primero de ellos, un acto académico que dio pie al resto de actividades.
Fue un acto formal, con representantes de la fundación y la Administración que dieron su apoyo a la labor que desarrollamos entre todos, y fue también emotivo, por las canciones que nos regalaron los más pequeños del Centre Obert, la música antigua que nos brindó Ribermúsica, las sabias palabras de los ponentes, y también el sentido discurso de la exsecretaria para la inmigración de la Generalitat de Catalunya y voluntaria del Centre Obert Tria de la Fundació Comtal.
Me gustaría compartir con los lectores de este blog parte de su discurso, que fue muy aplaudido en la sala de actos del Museo Picasso:
"Corría el año 2006 cuando llegué un día al Centre Obert Tria de la Fundació Comtal. Acababa de finalizar mi periplo como secretaria de Inmigración de la Generalitat de Catalunya y venía con un regusto ciertamente amargo... y una sensación de no haber podido hacer lo suficiente.
Quería tocar la realidad, volver a tocarla, con mis propios dedos, esta vez sin intermediarios ni informadores. Fue así como llegué al Tria, silenciosa, sen demasiadas presentaciones. Venía a curarme, a hacer las paces con el mundo y conmigo misma. Y así fue! La experiencia en el TRIA me devolvió una sensación de bienestar que ya no recordaba.
Después de diseñar durante aquellos años en la política de inmigración las políticas de acogida, ver cómo Rita, una joven de la República Dominicana recién llegada, luchaba cada día en un entorno lleno de incertidumbres, en un colegio donde se sentía incomprendida, en medio de una familia rota e inestable, una cultura de mezcla en el barrio, llena de dudas, consciente de ser "de fuera" por primera vez en su corta vida, idealizando su origen... Y a su vez construyendo un nuevo mundo aquí, con nuevos amigos y amigas, nuevas palabras, nuevas lenguas... Rita me sumergió de lleno en la realidad de lo que es llegar a un entorno nuevo, a las dificultades reales, y cómo se buscan las salidas.
O Lyn, a quien a menudo me imaginaba en su casa, solo, con su padre siempre trabajando y su madre en China. Haciendo muchos esfuerzos para aprender nuevo vocabulario en catalán y gozando de sus ratos con los amigos chinos en el cyber. De Lyn aprendí que cuando los gestores hablan de grupos cerrados y con dificultades para la integración, en realidad hay solidaridad y estabilidad.
Y el pequeño Abdulah, que con 6 años ya reivindica su derecho a ser de aquí y de allí, rechaza las etiquetas y le apasionaba dibujar naves espaciales para volar lejos. Pero cuando la nave aterriza, se encuentra en medio de la plaza del barrio donde tiene a sus amigos pero donde su padre no le deja pasar demasiado tiempo Abdulah me hizo pensar mucho en los necesarios cambios que el sistema educativo tendría que hacer si de verdad pretende crear situaciones de igualdad de oportunidades. O se reconoce la diferencia o Abdulah no será nunca igual.
Espacios como la Fundació Comtal son fantásticos observatorios de la realidad. Pero también son espacios de experimentación con la misma. Y este es el punto que quiero tocar. Es necesario aprovechar estos rincones de libertad, transformación y experimentación.
No es bueno que estos espacios traten de reproducir el papel de otras instituciones, ni tampoco solo de reforzarlas. Tienen que tener su propio espacio y sentido. Para los niños, niñas y jóvenes de origen inmigrante, estos reductos de libertad les pueden proporcionar todo aquello que no se encuentra en otras partes: reconocimiento, autoestima, motivación, sentimiento de ser únicos y mejora de las oportunidades.
La oportunidad de saltar barreras impuestas, de ser valorados por lo que son, o por lo que pueden ser, algun día. La oportunidad de liberar el peso de un techo también impuesto y de reconocer sus valores únicos, los que sólo ellos tienen: los de Rita, Lyn y Abdulah.
Para reconocer, para valorar, es necesario dar. Y dar calidad. No todo vale.
Es necesario dignificar el trabajo que hacen centros como el vuestro, es necesario mejorar los espacios y las infraestructuras, ofrecer formación de calidad... Y una formación entendida también como pedagogía social activa, fuera del espacio educativo tradicional que la escuela ya tiene asignado. Por ejemplo, son magníficas las experiencias que existen en el mundo de la música y el arte, como espacios de creación, donde todo se encuentra y puede aportar alguna cosa de su única experiencia . Creo que terrenos como el musical o el artístico en general se deberían explorar mucho más de cara a este futuro que ya está aquí.
Es necesario pasar de espacios de apoyo (de emergencia, diría yo en muchos casos) a espacios de transformación social. Y para poder dar nuevas oportunidades es imprescindible mejorar la calidad. Si ofrecemos servicios de segunda, se crean ciudadanos del futuro de segunda. Las instituciones públicas, por su responsabilidad social, en este sentido, tienen que hacer una apuesta más clara y decir cuál es el modelo de colaboración con estas entidades que, como la Fundación Comtal, hacen una tarea tan importante de apoyo a las familias y a sus hijos e hijas.
Hasta el momento, el modelo no ha sido muy claro y, por lo tanto, las entidades como la vuestra han tenido que adaptarse a los cambios de las posibilidades de financiación, siempre dependiendo del día a día, año a año... sin posibilidad de visualizar a medio o largo término.
Yo sí quiero visualizar el futuro. Porque sin una perspectiva de futuro es imposible seguir adelante. Y ahora para mí el futuro son Rita, Lyn y Abdulah. Y es necesario pensar en qué tipo de futuro se les ofrece. A Rita le encanta la moda, ¿podrá dedicarse al diseño de moda algún día? Abdulah, ¿podrá dejar de soñar con naves y convertirse en un ingeniero aeronáutico? Y Lyn, ¿cambiará el cyber por la informática? Esta creo debe ser la apuesta de futuro, trabajar para crear espacios de transformación.