Una tarde del mes de mayo conocí a Aminetu Haidar. Estaba en nuestra ciudad, en Barcelona. Había venido acompañada de mi amiga Maima, quien le hacía las veces de traductora y acompañante. Fue una conferencia interesante y muy ilustradora, no exenta de incidentes por parte de algún asistente que tenía más de marroquí que de saharaui. Y es que cuando nos sumergimos un poco en la vida de Aminetu nos damos cuenta de que es una gran luchadora, un modelo de compromiso, de sacrificio, en definitiva un espiritu libre.Hoy, día mundial de los derechos humanos, se suceden muestras de solidaridad con Aminetu en multitud de ciudades y universidades españolas. Ella misma ocupa portadas en noticieros y columnas en diarios y publicaciones de todo tipo de color y tendencia. Por un lado encontramos defensores a ultranza, por otro lado, detractores de su situación, y, cómo no, detractores que aprovechan la ocasión para atacar al Gobierno. Es aquí donde radica la grandeza del sistema de garantías democráticas del que carece la propia Aminetu y que tanto reivindica. En un estado democrático, y no feudal, se puede diferir de la tendencia general. Todo el mundo puede asociarse y expresarse, libremente. Hoy Amninetu no podría expresarse libremente en El Aaiún. Hoy, Aminetu estaría, como en otras ocasiones, detenida e incomunicada en una prisión de Marruecos. En este sentido, la valiente Aminetu ha triunfado. Ha conseguido captar la atención de medio mundo, por encima de la pantalla creada por el aparato gubernamental marroquí, por encima de silencio cómplice del Estado español, y también del francés, por encima de la propia mesa de negociación tripartita (Argelia, Marruecos y Frente Polisario) y, claro está, por encima de las resoluciones ineficaces de las Naciones Unidas. Por ello, bravo, Aminetu, ¡ya has ganado!

Por otra parte, en el marco de un Estado de derecho, el propio Estado puede tomar decisiones llegando a pasar por encima del conjunto de libertades de la persona. Me refiero a que se vislumbra la actuación del poder judicial, como en algún otro caso de huelga de hambre reciente. Llegada la situación, sabemos que de no desistir de su huelga de hambre, habrá pronto una intervención del juez de guardia, cuando no de algún juez estrella.

No podemos esconder que actualmente se está jugando una difícil partida en las sedes del Gobierno español y el marroquí. Y que quizá la estrategia escogida por cada uno de los actores (Aminetu, Estado español, autoridades marroquís...) no haya sido las más adecuada. Ya es un poco tarde para hacer un máster o un curso intensivo sobre la teoría del juego. Realmente, se han sucedido situaciones kafkianas, incoherentes y ridículas que han de hacer pensar a más de un canciller en cambiar de asesores o renovar el equipo. De las próximas horas se derivarán importantes acontecimientos, pero ninguno de ellos nos ha de hacer perder el rumbo. Aminetu ha ganado. Hoy por hoy, la causa saharaui está en la mayoría de nuestras casas, y todo ello se lo debemos a la valentía de Aminetu.