Celebración del año nuevo, en Etiopía.Cuando todo el mundo se apresura para tener todo a punto para Nochebuena el día 24 de Diciembre, en Etiopía parece como si la vida siguiera su curso sin cambios notables en la monotonía diaria. Eso sí, cuando se aproxima el principio de Enero es cuando, como si se quisiera recuperar un tiempo perdido, las ciudades se llenan de esa prisa prenavideña porque para los etíopes, sean de la denominación cristiana que sean, Navidad no es el 25 de noviembre sino el 7 de enero.

Etiopía, un país históricamente dominado por la poderosa iglesia Copta Etíope, nunca aceptó la reforma gregoriana impulsada por el papa que, en el año 1582, suprimió del calendario varios días que se habían acumulado con pasar del tiempo y que habían hecho que la fecha de Pascua comenzara a retrasarse de manera notoria y que los meses del calendario no coincidieran exactamente con el año solar y las estaciones. Etiopía nunca aceptó aceptó esta reforma y se aferró al Calendario Juliano, por lo que acaba de celebrar su año 2000 y mantiene las fiestas religiosas en los días tradicionales de las mismas, sin cambios ni adaptaciones.

Como ocurre en casi todas las tradiciones ortodoxas, la preparación de las grandes fiestas litúrgicas,  y en este caso el Adviento como preludio de la Navidad, está constituído en una parte importante por ayunos y días especiales de oración que preparen al alma y al cuerpo para la celebración correspondiente. El ayuno no consiste en dejar de comer sino en limitarse a consumir solamente ciertos alimentos como las verduras, quitando de la dieta la carne, el pescado, los huevos, la leche y aquello que venga de los animales. La tradición del ayuno no es lo que se dice laxa para quien quiere llevarla a cabo. Las semanas previas a Navidad están llenas de días de ayuno y los creyentes tienen que esforzarse por cumplir con el mismo estén donde estén y hagan el trabajo que hagan. Toda una proeza en un país donde la pobreza es evidente, donde hay literalmente miles de personas que viven en la calle de la caridad de los viandantes.

Las iglesias son, en estos días, verdaderos imanes con frenética actividad de recitación de salmos y oraciones que atraen a numeroros creyentes de cualquier edad, los cuales constantemente entran y salen de las mismas. Es impresionante pasar al lado de una iglesia y ver el número de personas que, aunque no entren, por lo menos pasan un par de minutos apoyados en la verja o el muro de la misma completamente inmersos en oración. La tradición religiosa tiene gran fuerza en un país cuyo  cristianismo ha estado completamente aislado del resto de la cristiandad y se ha visto asediado durante siglos por parte de los pueblos islámicos de la región. Esto ha tenido como resultado una religión muy aferrada a la tradición, muy bíblica y sin gran evolución en comparación con otras iglesias en el mundo occidental. Incluso hoy las liturgias se realizan en Ghee'z, una lengua ya extinta comparable a nuestro Latín que se utiliza solo en los textos religiosos y que es de hecho la lengua oficial de la Iglesia Copta, aunque nadie la utilice en el día a día.

La celebración litúrgica de la Navidad se celebra también a medianoche y puede llevar varias horas. Una de los aspectos más llamativos es que la celebración, como la mayoría de los servicios ortodoxos, se lleva a cabo de una manera mucho más interactiva que, por ejemplo, en una misa corriente del rito latino. Los diferentes papeles y funciones se reparten entre el diácono, el subdiácono, los sacerdotes, los cantores y los laicos repartidos por el altar o presentes entre el pueblo. En algún momento se puede casi "tocar" la antiquísima esencia de esta liturgia que, durante siglos, se ha desarrollado libre de cualquier influencia foránea. Los cantores y sacerdotes llevan unos bastones terminados en una T que les sirve para apoyarse durante las largas horas de oración y llevan en la otra mano un sistro, una especie de sonajero que sirve para llevar el ritmo, sobre todo en momentos cuando la recitación del salmo comienza a acelerar en su ritmo y llega a un impresionante clímax musical. En algunos casos la marcha alrededor del altar o enfrente del mismo se puede convertir en una sobria danza llena de ritmo y solemnidad, entre palmas acompasadas y nubes de incienso. La ceremonia termina con la comunión, marcada simbólicamente por el sacerdote que durante todo el tiempo de la distribución del pan consagrado  permanece cubierto por un paraguas dorado, símbolo de la presencia real de Dios.

En las liturgias de muchas iglesias católicas y protestantes, no faltan algunos villancicos de aquellos que se pueden escuchar en cualquier lengua del repertorio internacional. Sin duda, la Navidad se globaliza también aunque sea por medios tan sencillos como una canción que, gracias a la tecnología, llega mucho más allá de sus fronteras originarias.

En Etiopía, como ocurre con muchas otras tradiciones ortodoxas, la fiesta de la Navidad va unida indisolublemente a la de la Epifanía, la celebración que recuerda la revelación del mensaje cristiano a los diferentes pueblos paganos. En el caso de Etiopía, el cristianismo ha tenido una huella imborrable que casi forma parte de la identidad de este peculiar pueblo que se siente más semita que africano, más cercano al pueblo de Israel que al resto de los pueblos negroafricanos, que guarda como oro en paño el patrimonio de ser uno de los pocos países africanos que nunca fue colonizado a pesar de haber vivido terribles dictaduras, sistemas feudales y emperadores déspotas.